1. He escogido a la valenciana
Manuela Solís y Clarás no solo por ser paisana sino también porque es de esas
figuras que conviene aproximarse para entender mejor el tipo de prohibiciones y
barreras padecidas por las mujeres durante el siglo XIX y XX. Es una figura
reconocida en el mundo de la medicina, pero quizás no tan reconocible para el
que suscribe y para una gran parte de la sociedad cada vez más acostumbrada a
logros e hitos que antes eran una excepcionalidad. Manuela Solís nace en
Valencia en 1862, y como tal, vivirá los cambios sociales que empezaron a
devenir con el cambio de siglo (del XIX al XX) y que trajeron avances
relevantes donde la mujer empezaba a poder aspirar a tener un recorrido propio,
motivado tanto por los movimientos influyentes que venían de Inglaterra o
Francia, especialmente en el terreno educativo, así como los vividos en España
donde el acceso de la mujer a los estudios superiores se produjo con ocasión de
la Ley de Instrucción Pública de 1857, la conocida como ley Moyano al ser
impulsada por el entonces Ministro de Fomento, Claudio Moyano Samaniego. Sin
embargo, las trabas para el acceso seguían siendo duras para las mujeres ya que
había que recibir, todavía, autorización oficial en los años ochenta (del XIX).
2. Como decía antes, Manuela
Solís nació el mes de junio del 1862 en València. Su padre fue profesor de la
Escuela Normal de la Provincia de Valencia y su hermano médico, lo que podría
explicar su posterior acercamiento a la medicina. Terminaría los estudios
respectivos de bachillerato donde obtuvo el grado correspondiente en junio de
1882 con excelente y que le permitió, después de la obtención del título,
iniciar los estudios universitarios. Elige medicina, que durante los últimos
años del XIX era la carrera de preferencia de las estudiantes junto a Filosofía
y Letras, y terminaría en el curso 1888-1889 con la calificación de excelente.
Una vez obtenido el grado de licenciatura, para ampliar estudios, fue a Madrid,
donde ingresó en el Instituto Rubio del Hospital Universitario de la Princesa,
centro hospitalario pionero en docencia y asistencia y en el que se practicaron
nuevos tipos de cirugía. Se puede deducir, por tanto, que la Dra. Solís estaba
en contacto con los últimos avances en cirugía que tanto la ayudarían en su
trayectoria posterior como ginecóloga. Para ampliar aún más sus conocimientos
específicos, viajaría a París, donde entró en la Clínica de Partos de la
Facultad de Medicina. Allí estuvo entre personalidades de la medicina como
Tarnier, Pinard o Pozzi. Tras su retorno a Madrid, comenzó a hacer compatible
la asistencia privada y la atención clínica en varias instituciones
benéfico-sociales y asilos donde ayudó, como obstetra, a mujeres solteras
embarazadas con pocos recursos y que presentaban problemas de índole social en
la sociedad madrileña del tránsito entre el XIX y XX.
Tras adquirir experiencia
suficiente y cursar diferentes asignaturas del programa de doctorado decide presenta
su tesis, El cordón umbilical, en 1905. De la
misma se tratan, por un lado, los aspectos relacionados con la situación normal
de este elemento anatómico y, por otro, habla de los aspectos anormales y
patológicos.
De la experiencia obtenida,
publicó su libro “Higiene del embarazo y de la primera infancia” que
centró en dos partes: por un lado en una visión amplia sobre el embarazo e
higiene de la embarazada y por otro una aproximación a los primeros años de
infancia abordando temas como la lactancia o la vacunación entre otros.
Finalmente, en 1910, Manuela
Solís Clarás falleció, después de una intensa y fructífera tarea personal y
profesional. Como si fuera cosa del destino, ese año precisamente se produce un
hecho significativo: se establecía legislativamente en el estado español el
derecho y la igualdad entre mujeres y hombres para el acceso a todos los
niveles educativos (se instala también la libertad de inscripción
universitaria).
3. La figura de Manuela Solís la
escojo porque se proyectan en ella un poco los tiempos de desigualdad de
finales del XIX y al mismo tiempo el inicio de algunos cambios esperanzadores
que se empiezan a producir a principios del siglo XX. Pero no solo por eso.
Manuela Solís, junto a otras coetáneas, consigue hacer frente a las resistencias
del sistema sociopolítico de entonces y consigue el acceso a la universidad
(con permiso), convirtiéndose en una de las primeras mujeres que se licenciaba en
la Universitat de València y haciéndolo, además, con las más altas
calificaciones.
Otro elemento por el que creo que
es una figura destacable es por sus tremendas aportaciones al mundo de la
ginecología. La doctora Solís trató en sus libros siempre de ayudar a las
mujeres a entender sus cuerpos y su propia salud y a difundir aspectos
específicamente ocurridos durante los meses de embarazo. Sus aportaciones en el
ámbito asistencial también fueron reconocidas lo que le valió, en 1906, ingresar como miembro en la Sociedad Española de Ginecología. En una época de consolidación del
movimiento higienista, su figura se vuelve del todo relevante incluso cuando aún
se cuestionaba su presencia por determinados sectores. Es por ello que todo mi reconocimiento desde este
pequeño rincón de internet.
4. Enlaces/fuentes informativos:
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